Todo el mundo necesita un beso

José Palacios Restrepo
2 min readJan 3, 2023

Hoy es 24 de diciembre. Son quizá las doce de la noche. Estoy en la casa de mis tíos que alguna vez fue la casa de los abuelos. Pienso, por un momento pequeñito, cómo es posible que haya llorado todos los días durante los últimos dos o tres meses. Dónde cabe tanta tristeza, incluso cómo le hice para llorar y seguir con la vida.

Después de ayudarle a Luciana a montar con afán sus patines, camino hasta el balcón de la casa. Es desesperante, cada tres casas hay un bafle más grande que retumba con una música distinta. Admito que lo disfruto también, solo por ser navidad, por ser 24, porque otros estén felices como se supone que estoy yo.

Mirando hacia afuera me detengo en los vecinos del tercer piso en frente de mi casa. Adentro, a puerta cerrada, se ve detrás de los vidrios a una pareja bailar abrazada. Dan las vueltas suaves de quienes bailan con los ojos cerrados. Desde aquí casi se les ve una sonrisa de esas que suceden cuando el cuerpo encaja perfecto con el otro y cada paso parece planeado. La música ya no es como la que estaba sonando, esta es una canción distinta. Nunca la había escuchado.

El tiempo siempre se detiene cuando uno está bailando así. Cuando la canción es perfecta, cuando afuera desaparece el mundo y solo existe el ritmo de un cuerpo que se mueve con el compás de la canción.

Veo a los vecinos felices en la sala de su casa mientras yo siento el vacío creciéndome por dentro. Se me aguaron los ojos. Tengo ganas de llorar. Alcanzo a sacar mi celular, oprimo un botón y digo: -¿qué estoy escuchando? Tomo un pantallazo y me voy al solar donde está el resto de la familia.

Luego de un rato intento buscar la canción pero la aplicación en mi celular se había equivocado y aparece cualquier otra que estaba sonando en otra casa. No era la canción de mis vecinos bailando y sabía que ya nunca la encontraría porque no tenía idea ni siquiera del ritmo.

Parecía nueva, pensé.

Se acabó el 24 y vinieron otros días. Pasó el 25, el 26. Así hasta el primero y el dos. Ya cuando lo había olvidado, abro mi celular y decido por fin empezar la vida el tres de enero como si apenas fuera primero.

En mi celular hay un video, dura seis segundos. Soy yo queriendo inmortalizar el recuerdo de los vecinos. Encuentro la canción. Es como si la vida volviera a empezar.

--

--

José Palacios Restrepo

Soy un inconforme buena gente. Escritor en todas mis facetas y curioso en mis tiempos libres.